Hoy, en mi rincón, continuo con las notas que el elfo ha empezado en la otra habitación.
Las cervezas no solo están frias, sino que ya empiezan a agotarse de tanto beber.
Cada gota de alcohol, cada sorbo, se llevan parte del acorde de nuestras vidas y dan paso a la siguente estrofa. Quizás habría que cambiar de canción.
Esta noche la Luna voverá a escuchar nuestra serena locura. Una locura aparente que esconde el sosiego de nuestra cabeza. Una serenidad aparente que esconde la locura del corazón.
Enciendo un cigarrillo y dejo la mirada quieta. Tener la mente en blanco ayuda a la inspiración. Y la imaginación empieza a volar. La música empieza a sonar. La voz se empieza a apagar de tanto usar.
Aún así, con la voz cada vez más desgarrada, hay que seguir cantando, hay que seguir bebiendo, hay que seguir tocando.
Después volverá a salir el Sol, y con la resaca amanecerá un nuevo día que inspirará la siguiente nota. La nevera seguirá enfriando y la música seguirá sonando.
Otra vez una canción triste. Otra vez una bella canción.
Me emborraché por ti
y todos me contaron
que te vieron triste
No soy capaz de hablar
no cabe en una noche
lo que yo te quise
Las cosas cambian
la vida mancha
cambiando el color
Anoche me bebí
un litro de mi vida
para ver tus fotos
Y vi salir el sol
sentada en la azotea
entre cristales rotos
Las malas rachas
siempre son largas
yo no puedo más
Y sigo aquí en Madrid
buscando alguna excusa
para estar más cerca
Sin planes sin saber
qué pasará mañana
si el dolor aprieta
Llorando por nada
perdiendo la calma
viviendo al revés
Todo lo que quise decir
y todo lo que dejo por ti
sabes que yo siempre creí
y sabes que te espero en Madrid
Rebeca Jimenez

Se había propuesto no volver a curarlo. Tenía tantas heridas que ya no le cabía una sola sola tirita, una sola venda, un solo remiendo. Esta vez no. Esta vez lo guardaría en una urna, cerrada, con llave, donde no lo pudiera oir latir. Esta vez su corazón se debía dar un descanso, de otro modo, se rompería en tantos trozos que no sabe si sería capaz de reconstruirlo de nuevo.
Lo que no sabía, lo que nadie le había contado, es que eso podía llegar a doler tanto…
Hace un par de meses, fnac.es publicó un concurso de microrrelatos (máximo 150 palabras) con la temática del libro. Cómo era de esperar, el mio no ha sido uno de los 20 seleccionados de entre los más de 5000 participantes que nos presentamos. Ya han publicado los finalistas. Si os gustan o no, eso os lo dejo a vuestro criterio, el mío dice que hay de todo, unos buenos y otros que no lo son tantos, pero ya veremos a los ganadores.
Os dejo aquí el que yo presenté.
Me acomodé en aquel hermoso lugar. Quería estar segura de que no existía la más mínima posibilidad de ser molestada. Había esperado tan impacientemente ese regalo que el solo hecho de tenerlo entre mis manos me daba una extraña sensación de nerviosismo. Lo acaricié cerrado, preparándome para alejarme del mundo real y formar parte de aquella aventura. Sabía que, una vez empezado, cada letra, cada párrafo, cada página, me llevaría a la siguiente sin esfuerzo. Sería como una droga de la que no podría escapar, y en la que cualquier contacto con la realidad desaparecería. Solos mi libro y yo, mi historia y mi imaginación, mi lugar encantado entre las hojas. Abrí mi preciado regalo y empecé a leer. Efectivamente me estaba adentrando en el mundo de los sueños. Al menos allí, era cómplice de cada personaje. Al menos allí, la protagonista de mi historia era yo.
La abracé fuertemente junto a mi. Hacía tanto tiempo que no estaba con ella, que un cierto nerviosismo me atravesaba el cuerpo. Quería recuperar todo el tiempo perdido, pero sabía que eso no era posible. Muchas de las cosas que me había enseñado perduraban, aunque los dos sabíamos que el tiempo había hecho mella sobre todo en mi, y que tendría que volver a acostumbrarme a aquello.
La saqué de su ropa, y los recuerdos de momentos anteriores se agolparon en mi cabeza. La cogí entre mis manos, suavemente, despacio, y la hice vibrar. Algo vibró al mismo tiempo en mi. Ya no recordaba lo que era aquello, o quizás, como en la mayoría de los momentos, el reencuentro siempre es inmensamente mayor que la rutina. Sea como fuere, lo cierto es que aquel momento fue mágico, profundo. Aquella pequeña habitación donde me encontraba se había convertido en un gran reino para mi, en el que solo cabíamos ella y yo.
No tenía mucha experiencia en la materia, pero sabía que con ella mi cabeza volaba, que no importaba la perfección, que solo importaban los sentimientos que provocaba.
En ese momento me encontraba feliz, melancólica y feliz. Aquel reencuentro con mi guitarra olvidada me había devuelto una sonrisa. El solo hecho de afinar sus cuerdas me hacía imaginar como el Maestro Rodrigo tocando el concierto de Aranjuez delante de 150000 personas. Tenía que volver a aprender, no importaba, aunque mis notas fueran malas había sido un buen comienzo.
Sigo recurriendo a relatos pasados a la espera de tiempo e inspiración para otros nuevos. Creo que pronto me voy a quedar sin ellos

Se sentó en el andén de la vieja estación. En realidad no se había llegado a plantear si quería ir a aquel lugar, simplemente lo hizo como si saliera de un impulso interior. Sabía que estaría bien, no lo dudaba, y eso le daba seguridad. Durante aquel largo trayecto buscó algo con lo que entretenerse, algo que no le hiciera recordar, algo que quitara de la cabeza sus pensamientos. Lo cierto es que se estaba acostumbrando a pensar en sus sueños con tanta intensidad que había terminado por no distinguir cual de todas sus “vidas” era la real y cuales las soñadas. Se estaba acostumbrando a vivir sola, a interpretar ella misma todos sus personajes, a escribir todos los principios y todos los finales.






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