La abracé fuertemente junto a mi. Hacía tanto tiempo que no estaba con ella, que un cierto nerviosismo me atravesaba el cuerpo. Quería recuperar todo el tiempo perdido, pero sabía que eso no era posible. Muchas de las cosas que me había enseñado perduraban, aunque los dos sabíamos que el tiempo había hecho mella sobre todo en mi, y que tendría que volver a acostumbrarme a aquello.
La saqué de su ropa, y los recuerdos de momentos anteriores se agolparon en mi cabeza. La cogí entre mis manos, suavemente, despacio, y la hice vibrar. Algo vibró al mismo tiempo en mi. Ya no recordaba lo que era aquello, o quizás, como en la mayoría de los momentos, el reencuentro siempre es inmensamente mayor que la rutina. Sea como fuere, lo cierto es que aquel momento fue mágico, profundo. Aquella pequeña habitación donde me encontraba se había convertido en un gran reino para mi, en el que solo cabíamos ella y yo.
No tenía mucha experiencia en la materia, pero sabía que con ella mi cabeza volaba, que no importaba la perfección, que solo importaban los sentimientos que provocaba.
En ese momento me encontraba feliz, melancólica y feliz. Aquel reencuentro con mi guitarra olvidada me había devuelto una sonrisa. El solo hecho de afinar sus cuerdas me hacía imaginar como el Maestro Rodrigo tocando el concierto de Aranjuez delante de 150000 personas. Tenía que volver a aprender, no importaba, aunque mis notas fueran malas había sido un buen comienzo.
abr 082008






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